Aunque faltan varios meses para que cumpla 34, mientras grababa la última canción de Los Muebles, en los Estudios Triana, me puse a filosofar sobre esta condición de tener la edad de Cristo, si conozco verdaderamente mis defectos y mis virtudes, sobre las cosas que debiese arrepentirme, etc. Y me acordé de Chateaubriand y su Vida de Rancé: el hombre que se arrepiente es inmenso, pero quién querrá hoy ser inmenso sin ser visto?. Estaba algo distraído, cuando el asistente del sonidista nos interrumpe: Abajo los busca un tal Peter Parker, le digo que suba?. No alcanzamos a mirarnos cuando Spiderman nos interrumpe. A continuación, parte del breve diálogo que sostuvimos:
- Ustedes son Los Muebles?
- Si
- Vengo a decirles que yo sufro como ustedes
- Conoces nuestras canciones?
- He conocido bastantes cosas para poder renunciar a casi todas
- Oh, podríamos decir entonces que eres una Araña con corazón de Mueble?
- No niego ya nada, puesto que todo puede afirmarse
Antes de seguir su camino, le pedimos a Spiderman nos ayudara con la grabación, y que no era necesario usar la máscara con nosotros:
- Esta máscara es mi prodigioso esfuerzo, cotidiano, obstinado. El esfuerzo del secreto, sin esperanza ni amargura, simple y bello como un rostro enmascarado, un hombre sin ser visto tocando una guitarra azul...
Canal Laitec. El murmullo de las aguas, la frescura. Una hebra de algas da vueltas sobre el rancio suero espumoso. Cuando cae la noche, una angustiada plenitud planea sobre las aguas silenciosas. Entiendo entonces que si los griegos plasmaron la idea de la desesperación y la tragedia, lo hicieron siempre a través de la belleza, y lo que ésta tiene de opresor. Es una tragedia que culmina. En cambio, el espíritu moderno plasma su desesperación partiendo de la fealdad y de lo mediocre. Para los griegos la belleza es el punto de partida. Para occidente, una meta que pocas veces se alcanza. Yo no soy moderno.
ASUNCIÓN
Autor: Santiago Barcaza S.
Compositor: Mauricio Gallardo – Ignacio Iturra
Intérprete: Werken
La vida
Es un palacio de tres ventanas
Y ninguna puerta
Y en la satisfacción
Aun sientes
La necesidad de su alma
Él vino y se fue
Tal vez lloraste un poco
Y olvidaste después
Los ríos
Terminarán de alcanzarnos
Y los cruzaremos a pie
Y en la resurrección
Junto al mar
Veremos todo apagarse
Porque aquí nada
Quedará
Cubre mi amor con tu luz
Tanta sombra
Soledad
Aquí piensa mi ser
Aquí muero de amor
Aquí lucho
Por reencontrar al fin
Un beso tuyo
Cubre mi amor con tu luz
Tanta sombra
Ten piedad
Aquí piensa mi ser
Aquí muero de amor
Y tus besos
Son suficientes
Para agitar el mar
Bailemos
En la penumbra
Hasta deshacernos.
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No puedo abandonar a Yeats. Me he obsesionado con este grupo de poemas de los cuales les ofrezco dos. Poemas escritos y reescritos por todas las razones de la poesía, poemas que son también una historia de cómo mediante la integración gradual de estas razones, la existencia en la poesía resulta más real que la existencia en el tiempo, más real porque es más válida, más válida porque es más auténtica.
Para un poeta que traduce, el simple hecho de re-crear un poema puede parecerle una forma de resolver el problema de la verdad. Belleza y verdad, el antiguo dilema, me obsesiona. Yeats sacrificó su carrera poética por elegir entre las dos. Sea como sea, Yeats deja espacio para lo invisible, del mismo modo como sus poemas me acompañan en el pensamiento cuando me muevo por estos paisajes.
Una jóven y vieja mujer
William Butler Yeats
Tr.: Santiago Barcaza S.
II
Antes de que el mundo fuera hecho
Si hago las pestañas oscuras
Y los ojos más brillantes
Y los labios más púrpura,
O pregunte si todo está bien
Desde el espejo antes del espejo,
No aparece la vanidad:
Estoy buscando el rostro que tuve
Antes de que el mundo fuera hecho.
Qué si estimo a un hombre
Como si fuese querido
Y mi sangre está fría en ese momento
Y mi corazón insensible
Por qué debería pensarme cruel?
O que es traicionado?
Yo haría que a él le gusten las cosas que habían
Antes que el mundo fuera hecho.
IX
Una última confesión
¿Cuál fue el alegre muchacho que más me agradó
De todos cuantos yacieron conmigo?
Respondo que mi alma entregué
Y en el dolor amé,
Mas gran placer me dio un muchacho
Al que amé físicamente.
Libre del cerco de sus brazos
Reía al pensar que era tal su pasión
Que él imaginaba que yo entregaba el alma
Cuando sólo existía el contacto de dos cuerpos,
Y reía sobre su pecho al pensar
Que igual entrega hay entre las bestias.
Di lo que otras dieron
Después de quitarse la ropa,
Mas cuando el alma del cuerpo se despoje
Y desnuda vaya a lo desnudo
Aquel a quien halló encontrará allí dentro
Lo que ningún otro conoce.
Y dará lo suyo y tomará lo suyo
Y regirá por derecho propio;
Y aunque amó en el dolor
Tanto se aferra y se cierra,
Que ningún ave diurna
Osaría extinguir tal placer.
Cuánto dura un día en la oscuridad. ¿Una semana? El fuego se ha apagado y empiezo a sentir un frío espantoso. Debería arrastrarme al exterior pero entonces me abrasaría el sol. Temo malgastar la luz mirando las pinturas y escribiendo estas palabras. Morimos, morimos, morimos ricos en amantes y tribus y sabores que degustamos en cuerpos en que nos sumergimos como si nadáramos en un río. Miedos en los que nos escondimos como en esta triste gruta. Quiero todas esas marcas en mi cuerpo. Nosotros somos los países auténticos, no las fronteras marcadas en los mapas con los nombres de hombres poderosos. Sé que vendrás y me llevarás al palacio de los vientos, a tu lago sagrado. Solo eso he deseado, recorrer un lugar como ese contigo. Con nuestros amigos, una tierra sin mapas. La lámpara se ha apagado y sigo escribiendo a oscuras.
Mr. Matzner
Sólo admiro los paisajes que he admirado ya. Siempre vuelvo a ellos, solo. Un lago entre colinas hechas de prados y árboles en bastidores sucesivos. Este es el lugar sagrado que no descubrí junto a ella y que junto a ella no puede aparecer de repente el dios. Aquí sacio mi sed de mito, por muy extravagante que le parezca. Aquí se aclaran todos mis pensamientos actuales. Y aunque hemos pasado por tantas y tantas cosas, mis ojos con los de ella ya nada ven. ¿Quién sabe cuantas cosas me han ocurrido? Excelente pregunta para plantearle mi summa. Esto duele, pero volveré cuando sienta el valor para hacerlo. Y una vez de regreso, volveré al viaje si tan sólo así encuentro la palabra que iba a salvarme. ¿Quién sabe de cuántos modos distintos veré aún mi pasado?
Próximo post el Miércoles, 7 de Mayo del 2008: Una jóven y vieja mujer
Una mujer persigue al hombre que ama, pero él, por un buen motivo -tal como dice-, la rehuye por todo el mundo. Ella, a su vez, es perseguida por otro hombre que la ama, pero al cual ella no ama. A estos tres los persiguen un par de delincuentes que quieren recuperar el dinero (lo robaron de un banco, pero la mujer se lo robó a éstos para ir tras su amado). También hay un detective contratado primero por la chica y después, sucesivamente, por los otros personajes para seguir el rastro o para escapar de quien toque en cada momento. O sea, un enredo bastante grande, especialmente si se desarrolla en el transcurso de un viaje vertiginoso. En todo caso, al final, a nuestro detective ya no lo contrata nadie y decide meterse en la historia por su propia cuenta porque también se ha enamorado con locura de la mujer. Y al terminar la película se sabe que sólo ha habido un único amor verdadero en todo este trasiego sentimental.
Gaviotín Chico
Sterna Lorata
Bandurria de la Puna
Cuervo de Pantano
Plegadis Chihi
Pez Alfombra
Piscis Desolae
Autor: Santiago Barcaza S.
Compositor: Mauricio Hanna
Arreglos: Mauricio Gallardo
Intérprete: Werken
Habiendo llegado el tiempo / en que sombras tocan mis restos / y se apagan / los pequeños acordes / habiendo llegado a este tiempo
Y como las tiernas astillas / abren de pronto sus mantos / sus redondas bocas amargas / habiendo llegado a este tiempo
No poseyendo más / entre el cielo y la tierra / que mis cuerdas / que este tiempo / decido hacer mi testamento
Y perdida ya toda esperanza / de ver las manos que me tocaron / y descansar junto a ellas junto a ellas / mar adentro y / no poseyendo más que este tiempo
No poseyendo más en fin / que el recuerdo de las noches / y la serena delicadeza / de mi forma de mi forma
No poseyendo más / entre el cielo y la tierra / que mis cuerdas / que este tiempo / decido hacer
mi testamento:
Les dejo
el tiempo
todo el tiempo.
(En MY SONGS, pueden escuchar una versión improvisada grabada en uno de los ensayos del grupo)

Nunca me gustó mucho Raymond Carver. Hasta ahora sólo había leído Bajo una luz marina y uno que otro relato, siempre a la merced de pésimas traducciones. Por eso la aparición de sus últimos poemas, en un lugar como éste, al fin del mundo, me ha cautivado como si estuviera ante un último libro de un poeta ancestral, profundo y sabio. Su segunda esposa, su compañera y poeta Tess Gallagher, escribe: “Éste es un último libro y las cosas últimas, como sabemos, tienen sus derechos. No nos necesitan, pero con nuestra necesidad de ellas conmemoramos y hacemos que sea más real esa finalidad que nos rodea y nos plantea nuevamente esa cuestión central de cualquier muerte: ¿Para qué es la vida?” . Raymon Carver nació en Oregon en 1938. Sus relatos son asociados al minimalismo y los críticos le consideran el padre del realismo sucio, que se caracteriza por su tendencia a la sobriedad, la precisión y una parquedad extrema en el uso de las palabras. En la época de su muerte Carver era considerado un escritor de moda, un icono que América "no podría darse el lujo de perder", según Richar Gottlieb, entonces editor de New Yorker. Sin duda era su mejor cuentista, quizá el mejor del siglo junto a Chéjov, en palabras de Roberto Bolaño. Sin embargo, Carver consideraba su obra poética más esencial y el medio con el que mejor expresaba sus sentimientos.
Cuando le diagnosticaron cáncer al pulmón, Carver continuó leyendo los horarios de los trenes que partían de la ciudad en que moriría. Una lista de compras de supermercado, que Tess encontró en una de sus camisas decía: “huevos, mantequilla de cacahuate, chocolate” y luego, después de un espacio en blanco, “¿Australia?” “¿la Antartida?”. La insistente creencia de Ray en su propia capacidad para recuperarse de los reveses durante el curso de su enfermedad y su afán por volver una y otra vez a los versos, incluso hasta el mismo día de su muerte, demuestran plenamente que para él la poesía era una verdadera necesidad. Su inigualable talento para convertir a gente y situaciones vulgares en casos extraordinarios, tan presentes en su obra, se hacen más excelsos y primorosos en sus Poemas Póstumos.
Carver murió en 1988 en Washington, cuando aún no cumplía los 50 años. Aquí les va una gota de su verdad:
T E R M Ó P I L A S
De vuelta al hotel, al contemplar cómo se suelta, luego cepilla
su pelo rojizo delante de la ventana, sumida en privados
pensamientos, con los ojos en otra parte, por alguna razón
recuerdo a aquellos lacedemonios de los que escribió Herodoto,
cuyo deber era defender las Puertas frenta al ejército persa.
Y las defendieron. Durante cuatro días. Antes, sin embargo,
ante la incredulidad de los ojos del propio Jerjes, los soldados
griegos se sentaron como despreocupados, en la parte de fuera
del cercado hecho de troncos cortados, peinando y repeinando
sus largos cabellos, como si se sólo se tratara de otro día de
una campaña que, por otra parte, carecía de importancia.
Cuando Jerjes exigió conocer el significado de aquellos actos
le dijeron: Cuando estos hombres van a perder la vida
antes quieren que sus cabezas estén bellas.
Ella deja su peine de mango de hueso y se acerca todavía
más a la ventana y a la decreciente luz de la tarde. Algo, un
movimiento y un crujido llega desde abajo y ha atraido
su atención. Una mirada, y se desentiende de ello.
Esta ciudad era el doble de mi sueño. Un lugar donde rezar y caminar resume, aunque lo evites, todas las actividades del día.
El mar llegó de repente, la tormenta aquí no se termina. El agua entra en la boca, la bruma entra en los ojos. Esto es todo lo que necesito saber. Llevo la lluvia a mi rostro y te miro, respiro.
Amargos
Fragmento
Tarde en Amargos
La lluvia dobla el frío de los pies entre las mantas
Las viejas mujeres esperan impacientes
La llegada de los buzos
Mientras las olas arrastran la frescura
Del muelle sumergido
Y bien, qué podríamos decir a propósito?
Qué podríamos esperar de la vida?
Caminar y fumar durante horas
Buscando la casa de los parientes
Que no veíamos desde niños
Pero no nos detuvimos
Quizá hubiésemos podido recoger
Algunos fragmentos de la tarde
Pero no lo hicimos
Antes cruzamos el manto de hierbas
Que no pudo llevarse el incendio.
***
Las casas, las naves
Flotan sobre estos caminos sin nombre
Caminos que ocultan la dicha ya pasada
- Como todos los caminos del mundo
Y que algún día cruzaremos en silencio
Pues un simple cabello es suficiente
Para agitar el mar.
(del libro Carta - Océano, Ediciones Leviathan, 2004)
MAHMUD DARWISH
Traducción del árabe de María Luisa Prieto
Versión de Santiago Barcaza S.
El último tren se ha detenido en el último andén
Y nadie salva a las rosas
Ninguna paloma se posa en una mujer de palabras
El tiempo se ha acabado
El poema no puede más que la espuma.
No creas a nuestros trenes, amor, no esperes a nadie en la muchedumbre
El último tren se ha detenido en el último andén,
Y nadie puede retornar a los narcisos rezagados en los espejos de la penumbra.
Dónde dejaré la última descripción del cuerpo que en mí habita?
Todo ha terminado
Dónde está lo que ha terminado?
Dónde vaciaré el país que en mí habita?
No creas a nuestros trenes, amor
Las últimas palomas han volado
han volado
y el último tren se ha detenido en el último andén
Y no hay nadie.
He manejado el automóvil de mi vida por la dura carretera del Rock & Roll.- Primer Video Clip de Los Muebles
Esta es la democracia de mis amigos. Los mismos que antes juntaban el molido para comprar un Santa Carolina 1 estrella, ahora disertan horas y horas sobre la flora exótica que acompaña a su té vespertino. Antes se jactaban de haber recibido instrucción militar en Cuba y ahora se toman fotos con la gurú del oficialismo. Los que antes cantaban “por un Chile para todos, vamos a decir que no”, ahora a parte de tener el “Venceremos” como ringtones de sus celulares, tildan de sectarios a los que no encajan en su modelito económico y social, incluso ¡tengan cuidado!, si aman mucho la naturaleza te apuntan con un dedo y ya te creen miembro de Colonia Dignidad. Esta es la democracia de mis amigos. Ya no les importa nada, excepto ellos mismos. Pocos hombres –o mujeres en este caso- han llevado tan lejos la desconfianza hacia sus semejantes. La Concertación no cree ni en la persuasión ni en el diálogo. No se puede convertir a un obrero en burgués ni mucho menos a un burgués en un obrero. Estos señores, encargados de hablar en nombre del pueblo, no tienen, nunca han tenido, una preocupación real por la libertad. Cuando son sinceros, hasta se jactan de lo contrario. De ahí que quienes vivimos con este escrúpulo –y somos pocos- tenemos que sucumbir tarde o temprano, pasar por anacrónicos o resentidos, morir en el lodo, flotar como fantasmas, convertirnos en el polvo del polvo. De todos modos, seguro lo haremos no sin antes haber luchado. ¿Pero cómo podría luchar contra mis amigos, mis hermanos y contra toda la justicia? () Y menciono la justicia, porque en una sociedad como la chilena, la justicia es un mundo silencioso que destruye la complicidad, niega la rebelión y restituye el consentimiento a niveles patéticos de sumisión. Yo elijo la libertad. Porque aunque la justicia no se cumpla, la libertad preserva el poder de protestar contra la injusticia y salva la comunicación. La libertad es poder defender lo que no pienso, incluso en un régimen o un mundo que repruebo. Es poder dar la razón al adversario. La democracia de mis amigos me recuerda a esas pinturas italianas del Renacimiento en las que unos hombres, tendidos sobre losas frías, son torturados, mientras otros miran hacia otro lado, con aire perfectamente distraído. El número de los “desinteresados” era pasmoso en relación con el de los interesados. Lo que caracterizaba a la historia era la cantidad de gente que no se interesaba en la desgracia ajena. A veces les llegaba el turno a los desinteresados. Pero aquello ocurría entonces en medio de la distracción general y una cosa compensaba a la otra. En el Chile de hoy, todo el mundo aparenta interesarse. Todos además, unos más conformes que otros pero todos satisfechos de si mismo, coinciden en la apología de esta democracia. Otros, flotan en el aire. Después de todo, si pudiera ser un pájaro ¿qué haría?.
Mr. Poley
Cuando ella estaba junto a mi y juntos sufríamos, mi desgarro, mis lágrimas, tenían sentido. Ella podía verlos. Cuando se iba, ese sufrimiento era yermo y sin porvenir. El verdadero sufrimiento es el que se padece en vano. Sufrir junto a ella era una deliciosa felicidad. Pero el sufrimiento solitario e ignorado, es la copa que se me ofrece sin tregua, que obstinadamente trato de apartar de mí y que sin embargo tendré que beber algún día y aquel día será más terrible que el de la muerte.
Mrs. Poley
Siempre la misma desesperanza ante el futuro. Todas esas palabras que pronuncia, casi agónicamente en la intimidad, se suman a la muchedumbre abismal de palabras perdidas que nadie conocerá nunca y que sólo yo a ratos pongo atención. Al lado de este tropel de palabras, las que me transmite en forma desgarradora son sólo un par de gotas perdidas en el océano.
Dejé París hace unos días. Ese abandono no impide la existencia de un significado. Describir en todo su detalle no ha de ser ciertamente imposible. Pero harían falta tantas palabras, tantos flujos de sílabas, frases y cláusulas subordinadas, que las palabras se arrastrarían siempre a su merced de lo que sucede en mi, y mucho después de que todo movimiento hubiera cesado y cada uno de nosotros, los únicos testigos, nos hubieramos dispersado. Queda para mi, el leve recuerdo de su imagen en París, junto a los ríos, los parques y la danza. Y el deseo de nombrar las cosas de la manera más sencilla. No ir tan lejos de lo que se encuentra ante mi. Comenzar, por ejemplo, con este paisaje: los ríos, los parques y la danza. O incluso, adevertir las cosas más cercanas, como si en el diminuto mundo que hay ante mis ojos pudiera encontrar una imagen de la vida que existe más alla de mi, como si en cierto modo no comprendiera que cada cosa en mi vida está conectada a otras cosas, que a su vez me conectan con la totalidad del mundo, con un río, con un parque, con una danza, con la infinitud del mundo que se alza en mi mente, tan letal e imcomprensible como el propio deseo.
Dejé París hace unos días. A menudo es necesario no nombrar aquello de lo que hablamos y morir a ratos sin comprender las muchas muertes que suceden ante nosotros. Desear cosas que jamás han sucedido y permanecer en el dominio del ojo desnudo. Dejé los parques, los ríos y la danza y la imposibilidad de encontrar una palabra igual a sus pasos, su risa y sus ojos, una palabra igual al silencio que dejó en mi interior.








