Directamente desde la dura carretera del Rock n Roll
Directamente desde la dura carretera del Rock n Roll
Esa noche extrema le pedí lo que hacía mucho tiempo meditaba pedirle: el juramento de que nunca pertenecería a otro hombre. La verdad no me creí capaz de hacerlo pero al mismo tiempo no quería la vida sin el amor que la religión profesa y permite. Ella me hizo entonces la promesa, sin exigirla de mi parte. Pero en mi extraña alegría y en el orgullo de mi amor, también yo prometí gozosamente. En cierto modo, la maté y me maté esa noche.
Sra. Fernández
Aún recuerdo que una noche, en una de aquellas patéticas escenas en que sentía crecer el presentimiento de un porvenir atroz, tuve que decirle que no pertenecería a ningún otro hombre en la tierra y que, desaparecido él, no volvería a amar a nadie. Y en ese preciso instante en que creía decirle lo más alto y lo más irremediable de mi amor, en ese instante en que pensaba atarlo y soldarlo a mi, por el contrario, vi en sus ojos la mirada de quien se siente liberado, como si fuese el momento oportuno para huir y dejarme allí, seguro de mi fidelidad y de mi esterilidad absoluta. Pero esa noche se quedó conmigo, como siempre.
...La afición de todos ellos por la música (Carrasco y Barcaza cuentan con estudios de composición) dio forma espontánea a un proyecto de banda en el cual no se estableció una pauta convencional de promoción ni desarrollo, pues no había en su génesis ambición profesional alguna. Prueba de ello es que el grupo hoy se jacta de completar, en promedio, una canción cada dos años.
Después que la derrota de Colo Colo, en la final de la copa Sudamericana, me había tenido no sólo sin dormir sino sin echarme, sin beber y sin comer durante varios días y varias noches consecutivas, cuando la extenuación y el sufrimiento eran tales que creí en un momento no poder superarlo nunca, pensé en el poeta viajero, tirado en el pavimento improvisado que da al Quitapenas, envenenado por un alcohol malsano, temblando de fiebre bajo la ropa empapada por el sudor, y que sin embargo al cabo de un par de días se sentía mejor, tomaba al azar un camino cualquiera, y partía en busca de habitantes desconocidos. Su ejemplo me tonificó, me devolvió la esperanza y sentí vergüenza de haber tenido un momento de desaliento.
El poeta se llama Pedro Antonio González. Considerado el primer poeta maldito de Chile, murió en 1903 cuando aún no cumplía los 40 años. Oriundo de Curepto, en la capital se le conocieron pocas amistades y ningún familiar. Así, los seres que se aman y que están separados pueden vivir en el dolor, pero dígase lo que se diga, no viven en la desesperación, saben que el amor existe. Y cuando el dolor arremete por esas cavidades descuidadas del corazón, para el poeta no existía otra estancia: el Quitapenas. González encontraba allí el vino que borra todos los dolores, el vino para despenar.
Oreste Plath, en sus Apuntes de la memoria, escribió: “para el poeta Pedro A. González, el Quitapenas era dormitorio, biblioteca, cuarto de tarea y bar”. Ahí se abandona al sufrimiento como suele abandonarse al dolor físico: extendido, inerte, sin voluntad ni porvenir, atento sólo al lento escurrir del elixir, sorbo a sorbo.

El día después de ese maracanazo chileno, esa mañana del jueves 14 de Diciembre del 2006, seguro viví uno de mis días más tristes. La vida está colmada de acontecimientos que nos hacen desear volvernos más viejos. Sin embargo, no haríamos nada en este mundo si no fuéramos guiados por ideas falsas y equivocadas. Ideas como las que me llevaron silbando por uno que otro lugar irreal, por la Av. Recoleta hacia el norte, hasta dar con el Quitapenas,
- Caballero, en qué puedo servirlo
- Un vino para despenar, por favor.
El árbol que andas buscando a veces se llama sol,
o también lago, o nube.
Pero también puedes llamarlo mar, arena o viento.
En cada uno de ellos encuentras el árbol de la vida.
Lo que te ha engendrado está producido por otro,
y así sucesivamente.
Lo que tú llamas padre, para otro es hijo.
Si te atienes a los nombres pierdes de vista el Uno.
Los nombres son muchos, mientras que el Uno es único.
Ese es el árbol que estás buscando.
Te has tomado tu misión al pie de la letra,
por eso has fracasado.
Así fue como descubrió las raíces del árbol,
buscando en su propio corazón.
Buscamos llenar el vacío de sus corazones y a ratos creemos conseguirlo, como por ejemplo, cuando contemplamos retratos como éste y disfrutamos de verlas así, rebosantes de plenitud. Pero es sólo una ilusión: basta haber caminado unos metros por la dura carretera del Rock & Roll, para darse cuenta que los riesgos que tomamos, nos lleva incluso a sacrificar lo que más se ama.
- Ven, conoce mi interior, le dije. Sin embargo, sabía que detrás de esas pupilas encontraría de todo, menos sinceridad. Para mi era suficiente y ambos aceptábamos la situación. Nos bastaba con mirarnos y sabernos. Nada nos importaban los silencios. Estábamos juntos y era suficiente.
- Hace frío, ten, abrígate, me dijo. Cuando ella se fue todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida eran sencillamente la felicidad. Yo buscaba en la cabeza temas de conversación que pudieran interesarla, y ella buscaba la forma de arropar mi interior. A mayor empeño, mayor ofuscación. Se lo expliqué una mañana que, como de costumbre, caminábamos tomados de la mano:
- ¿Qué vamos a decirnos?
- Me siento feliz así, respondió ella.
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Más sobre Los Muebles en este blog:
20. La Tercera, pag. 18
18. Los Muebles de Septiembre
12. El amor es un camino
7. Plasticina demoníaca
4. Dile que ya no la quiero
3. El hombre de la guitarra azul
Odio y amo a la vez, ¿cómo es posible? no lo sé, pero ardo y me consumo.- Catulo, LXXXV.No importa el día, el mes y el año. Siempre que releo los poemas de Catulo me atraviesa una sensación de impúdica curiosidad. No quedo tranquilo hasta terminar con su Poesía Completa, como si entre sus versos encontrara el desencuentro de mis propias emociones, retratadas eso sí por un jóven poeta que nació y murió en el siglo primero antes de Cristo. Su personalidad es de una complejidad extrema, a veces se presenta como una persona de muy buen humor, que se expresa a través de ironías más o menos sutiles, y otras como alguien azotado por las circunstancias de su vida, que le impulsan irremediablemente al dolor y a la violencia verbal. Sin duda, impulsivo y directo. Es al mismo tiempo una persona tremendamente apasionada, tanto para la amistad, como para el amor, el odio o el desprecio. El acontecimiento fundamental en la vida de Catulo se llama Lesbia. Sin ella Catulo es tan impensable como Petrarca lo sería sin Laura. Lesbia pasa a ser, no simplemente un tema, sino una fuerza generadora de poesía, una inspiración dolorosa. Ambos se pueden considerar como los autores de esos poemas. Lesbia, que pertenecía a la alta aristocracia romana, a pesar de ser una mujer casada, se caracterizaba por las infidelidades hacia su marido y su gran número de amantes, entre los que se encontraba incluso su propio hermano. Pertenecía a un sector social en el que las costumbres morales estaban sometidas a un cierto relajamiento. De no haber sido así, Catulo probablemente nunca podría haber sido su amante, ni tampoco le habría escrito esos hermosos poemas. No se puede concebir a Lesbia de otra forma que no sea así. Era necesario que lo fuera para que Catulo llevara el amor hasta los límites de una pasión que rozaría con el odio. Catulo se siente engañado y traicionado por Lesbia, aunque los momentos de entrega amorosa son intensos. Esta traición, unida a la muerte de su hermano, hacen que exista en Catulo un vaivén entre el buen humor propio de su carácter y las circunstancias de una vida nada fácil. Es precisamente esa traición amorosa la que hace que Catulo escriba los poemas más intensos, más sorprendentes y magníficos. Catulo no insulta directamente a Lesbia, sino que se limita a constatar una realidad, que es el insaciable apetito sexual de Lesbia y su elevado número de amantes. Si quisiera insultarla directamente no escatimaría en obscenidades, como lo hace en otros poemas, dedicados a sus amantes. Pero existe siempre un relativo pudor que le lleva a tratar con gran cuidado la figura de Lesbia. De todas formas, aunque Catulo hubiera insultado abiertamente a Lesbia, así no habría hecho más que reafirmar la intensidad de su amor hacia ella; porque según él, el hecho de hablar mal sobre la persona que se amó es signo de que la pasión y el amor todavía no se ha apagado, sino más bien al contrario, brilla con más intensidad. Es aquí donde reside auténticamente la genialidad de Catulo, ha conseguido borrar las fronteras aparentes entre el amor y el odio, la traición amorosa de Lesbia no hace más que acrecentar su amor, en lugar de disminuirlo. Es un hombre que reconoce que su pasión amorosa le está destruyendo, pero aún así ha confesado que es incapaz de dejar de amar, y aún la ama con más pasión todavía. Catulo no puede evitarlo, está preso de la intensidad de sus sentimientos hacia Lesbia, es algo superior contra lo que no puede luchar, ya se manifieste en forma de amor o en forma de odio. Da igual, porque son variantes de un mismo corazón, ambos provienen de un mismo sitio.
Tres poemas de Catulo:
Me preguntas, Lesbia, cuántos besos
tuyos llegarían a saciarme:
tantos como las arenas de Libia
o como las estrellas furtivas que en la noche contemplan
sin moverse los amores de los hombres.
Esos son Lesbia mía, los besos
que podrían bastar al loco Catulo;
tantos que el curioso no pueda contarlos
ni el envidioso maldecirlos.
***
Los soles se ocultan
y pueden aparecer de nuevo
pero cuando nuestra efímera luz se esconde
la noche es para siempre
y el sueño
eterno.
***
Yo me los voy a culear y voy a hacer que ustedes me la chupen
a vos Aurelio culo roto y a vos Furio que sos una loca bailarina
ustedes que a partir de mis versitos
porque son delicaditos, opinaron
que yo era un desvergonzado.
Pues, es conveniente que el poeta respetuoso sea él mismo recatado
pero no es necesario que lo sean sus versitos
que tienen finalmente sal y pimienta si son delicaditos y desvergonzados
y que también pueden incitar aquello que excita, no digo a los jóvenes, sino a esos peludos
que no pueden mover sus pitos.
Ustedes, porque leyeron mis “muchos miles de besos”,
¿me creen menos hombre?
Yo me los voy a culear y voy a hacer que ustedes me la chupen.
He dedicado varios posteos a mi grupo Los Muebles en este blog, y a través de él muchos conocen parte de mi trabajo musical. Sin embargo, también integro la agrupación Werken, un grupo de música experimental que este año cumple 18 años de existencia. Desconozco mayores detalles respecto al origen del grupo -yo ingresé en 1996-, pero su actual identidad la adquiere en 1993, cuando un grupo de jóvenes estudiantes de música de la Universidad de Chile ingresa al grupo y se incorporan a los ensayos elementos musicales de la cultura clásica europea con sonoridades y ritmos típicos de América Latina. Después de una rigurosa selección de obras, el grupo arma su repertorio con música de compositores clásicos como J. S. Bach, C. Debussy, M. Mussorgsky, y comienza a interpretarla con instrumentos folklóricos latinoamericanos. Así, las obras y los timbres de la zampoña, el charango, el tiple y la quena, sumados a los de la guitarra, el violín, el cello y el bajo acústico, configuraban lo que sería un estilo musical propio, particular y único. Hasta 1999 el grupo, que contaba con 8 integrantes permanentes, participó activamente en todo el proceso de movilización y reformas universitarias, principalmente en la Universidad de Chile, dando conciertos en las principales facultades de la capital y en diversas entidades sociales desde la tercera a la décima región. Comparten escenario con destacados músicos, como Quilapayún, José Seves, Horacio Durán, Max Berrú, Patricio Manns. En 1998, Werken recibe el 1er lugar en el Festival de Todas las Artes Víctor Jara y una de sus composiciones, Italicios, es incluida en el disco "Charango: autores chilenos", tema interpretado en esa oportunidad por músicos del grupo y la participación especial de los destacados charanguistas Horacio Durán (Inti Illimani) e Italo Pedrotti (Entrama). En ese momento,Werken entra en un período de inactividad y sus músicos siguen diversos rumbos. Durante los siguientes 6 años de silencio del grupo, yo seguí haciendo música: para el Centro de Estudios Griegos de la Universidad de Chile musicalicé a varios poetas griegos, participé como arreglador e interprete de composiciones de amigos, y actualmente tengo en carpeta la edición de mi primer disco como solista: Canciones del hombre de la guitarra azúl, pero esto lo dejaré para otro post. En el 2005, Werken vuelve a reunirse. La pasión por la música aparece ampliando y multiplicando el sentido de este reencuentro. El viernes 6 de Octubre, Werken se presenta en la sala del Conacín -Nataniel con Tarapacá- a las 21:30 horas, quedan todos invitados.
El mismo y antiguo dilema, el mismo ritual que en otros oficios: tomar distancia, mirar, acercarse, agarrar, sentir, vacilar, entonces actuar con decisión y finalmente, pausas prolongadas. Esto pensaba, mientras bajo el malecón de la playa grande de Cartagena, Eduardo Loyola, el artista vagabundo creador de la arenografía, seleccionaba sus arenas de colores con las que daría vida a fauna silvestre, ríos, cordilleras.
Después de algún tiempo, creí haber descubierto una cierta paradoja en el trabajo de Eduardo: lo que producía era obligatoriamente efímero, durante el día y la tarde, sometido al consumo ávido e inmediato, como corresponde a las reglas del juego de la moda; durante la noche la obra abandonada a la merced del viento, los animales, los borrachos y el mar.
En ese pequeño trozo de playa, que Eduardo rescata hace ya más de 25 años, sólo cuenta el "aquí" y el "ahora", nunca el "ayer". A pesar de ello, el arenógrafo -como le gusta que lo llamen- se inspira en fotografías e ilustraciones de tiempos pasados, donde el arte se habría vivido a otro ritmo y el "trabajo" tenía otra categoría. Por ello, me parecía que Eduardo se expresaba simultáneamente en dos lenguajes, que tocaba dos instrumentos a la vez: lo efímero y lo duradero, lo volátil y lo estable, lo fluido y lo compacto.
Ese era su estilo, y ojo que el estilo puede llegar a ser un enorme problema: el "estilo" siempre alberga el peligro de convertirse en una prisión, en una sala de espejos donde lo único que haces es reflejarte a ti mismo e imitarte.
Tengo la sensación de que el arenógrafo está muy consciente del problema. Naturalmente, él también había caído en la trampa hasta que finálmente se propuso no volver a caer, porque había aprendido a aceptar su estilo, a dejarlo todo por su pasión, por su arte; por su forma y material. La prisión cedió de repente a la enorme libertad.
Esto es para mí un autor. Alguien que tiene algo que decir sólo porque sabe expresarlo con su propio lenguaje, y que finalmente, dentro de este lenguaje encuentra la frescura para convertirse en guardián de su prisión, en lugar de seguir siendo el prisionero.
Sófocles ocupa plenamente el centro reposado y clásico de la tragedia griega. Nacido en los últimos años del siglo V a.C. murió muy anciano hacia el año 406 a.C.. La aldea donde nació, Colono, se encontraba a diez estadios de Atenas. Fue, pues, el poeta de Atenas por antonomasia. Sin embargo, lo que lo une más estrechamente a su pueblo fue su asistencia, como soldado, a la batalla de Salamina, batalla central de la historia clásica. Los otros continentes, África, Asia, Oceanía y América, están separados entre sí por mares. Europa y Asia que son geográficamente una unidad continental eurasiática, están separados entre sí por la batalla de Salamina. Este hecho nuclear y central en su vida fue el motor de toda su obra: toda ella es una misión ateniense y europea.
Con una vida tranquila, sin grandes sobresaltos, pudo Sófocles dedicarse totalmente a la exaltación de lo ateniense, o, más ampliamente de lo griego, como valor fundacional de la civilización occidental. Y todavía podríamos añadir otra notación de centralidad si decimos que en la mitad de su ciclo tebano, máxima labor de su carrera teatral, como el ciclo troyano lo fue para Esquilo, florece su Antígona entre sus dos Edipos: Edipo Rey y Edipo en Colono. En el centro Antígona es la tragedia máxima de la libertad, la familia y el derecho natural frente al despotismo: la proclamación, al menos conceptual, de la civilización europea. Cada vez que esa niña valiente y gloriosa muere en escena, Sófocles vuelve a ganar la batalla de Salamina.
El argumento de esta tragedia se desarrolla claro e intrigante, aludiendo a un mito conocido desde los tiempos de Homero. Edipo ya es un personaje casi folklórico desde la antigüedad y su tremendo mito se canta desde el canto XI de la Odisea conformado en todos sus detalles. Sin embargo la fábula que se plantea en Antígona no descansa bajo un sostén puramente sensacionalista e histórico como al parecer sucediera con Edipo Rey o Edipo en Colono, sino más bien, en la confrontación de la razón de la Verdad y la razón de la Política en su máxima expresión.
Eteocles y Polínices, los dos hijos varones del desterrado Edipo, mueren peleando frente a frente en las afueras de Tebas. Eteocles del lado de la ciudad; Polínices del lado de los sitiadores. Creonte, déspota, gobernador y dueño de Tebas, decreta que Eteocles sea enterrado con los honores que correspondían a los héroes que mueren por la patria; y que Polínices, que murió defendiendo el bando de los sitiadores, sea dejado insepulto sobre la tierra, para que, en memoria de su enemistad y escarnimiento de los tebanos, se pudra al sol y sea devorado por los buitres.
Contradiciendo el dictamen del déspota, Antígona, hija también de Edipo, se propone ir por la noche a enterrar a su hermano. Ismene, su hermana, más cobarde, no se atreve a acompañarla. Antígona es sorprendida por los soldados que Creonte ha colocado en el monte para que vigilen el cumplimiento de su decreto: pena de muerte a quien entierre a Polínices. Es llevada ante la presencia del autócrata quien la increpa por su desobediencia. Entre el tirano y la doncella se produce un diálogo que, tomando altura sobre el mero interrogatorio judicial de lo ocurrido, hace chocar la ley natural, la piedad familiar de Antígona, con la voluntad personal y arbitraria del tirano. Es, sin lugar a dudas, una de las escenas más inmortales de la dramaturgia universal. Creonte sentencia según su poder material y físico. Antígona argumenta según la ley que los dioses tienen escrita en el espíritu del corazón humano. Ante la culpa de haber violado las leyes que Creonte había dictado, Antígona se defiende: “No fue por cierto Zeus quien impuso esas leyes; tampoco la Justicia, que vive con los dioses del hades, esas leyes a los hombres dictó”. Aquí se asiste en esa escena al nacimiento de la libertad, de la dignidad humana, de la conciencia personal. Las palabras de Antígona cuando le dice a Creonte que sus decretos no tienen valor ninguno en la región del Hades se ven fortalecidas cuando le grita: “No nací para compartir el odio, sino el amor”. Creonte pronuncia su sentencia de muerte y Antígona es enterrada viva en una cueva, sobre la montaña. Hemón, hijo de Creonte, que amaba a Antígona, es encontrado muerto sobre el cadáver de ella. Fue a liberarla y, al encontrarla muerta, se traspasa el corazón no sin antes intentar matar a su padre sin lograrlo; mientras su propia madre, la reina Eurídice, esposa de Creonte, se retira de escena al comprobar la doble muerte de su hijo y su prometida. “La Reina -dice el Corifeo- ha desaparecido sin decir palabra, ni buena ni mala”. Se induce que se va y se oculta para sumarse a aquella negra floración de muertes y desastres. Los griegos, amigos de la templanza, cuentan más que representan las muertes de sus personajes dramáticos.
La anticipación de valores humanistas, de temas de nuestra civilización y, sobre todo, su carácter de obra precristiana es lo que da a Antígona su perennidad y su atractivo. En una sola palabra: un clásico.
Son muchos conflictos sociales y morales los que propone la lectura de Antígona, sin embargo el diálogo de la protagonista con Creonte es la cumbre máxima a la que llega Sófocles en su intento de demostrar que el hombre por sí solo es más intenso que aquel que es moralista. No se trata de un mero reflejo del sentimiento del desacato sino conmover, mediante la agonía del ser humano por esencia, a un espectador pasivo y ciego ante las súplicas de miles de Antígonas que han dejado este mundo desde los tiempos de Sófocles hasta nuestros días. Estos son los fundamentos a la tesis de la doble razón que propone el libro: Antígona, la razón del ideal y la ley divina; Creonte, la razón del orden, la razón de Estado. Sin Antígona, no habría poesía ni revolución; sin Creonte, no habría ley ni orden. De Antígona hacia delante sigue la literatura. De Creonte hacia delante sigue el derecho político.
Pero la verdad más sutil es que no termina en tablas esta dualidad. Al final de Antígona, Creonte va admitiendo su ceguedad y sus errores, y en cierto modo se reconoce como el heredero de aquel destino o ananké, entendido como una fuerza ciega que zamarrea a los descendientes del linaje de Layo, padre de Edipo, vislumbrándose, en un nebuloso anticipo, la idea del pecado original.
Bianchi, Barcaza y al medio Carrasco, la BBC muebleraEsta semana recibimos la noticia que nuestro cófrade y camarada, el mueble Julio Carrasco Ruiz, hizo para sí el premio Revista de Libros de El Mercurio. Al respecto, comparto parte del dialogo que sostuvimos esta mañana:
- Pez: Hermano, que bien saliste en las fotos !!
- Malayo: Wn la cagó, con esas fotos me voy derechito a las teleseries!!
- Pez: jajajja
- Malayo: sin embargo me entristece pensar en la mirada de las chicas cuando me conozcan. Es que soy tan feo.
- Pez: Hermano, no digas eso. Sólo trata de no arrugarte mucho cuando te rías. Mira a tu tío, por qué crees que le decían “la vieja” Carrasco en el Quilapayún?? Puede ser algo de familia…
- Malayo: no se brad, esto me pone mal…
- Pez: Cuando veas que las chicas se te acercan, acuérdate del calamar y estira el rostro. Cuando sientas que te viene la risa, estira el rostro. Ríete como en un aire prolongado y misterioso, tal como lo hiciste para el fotógrafo del mercurio…
- Malayo: Puede que tengas razón hermano, porque no era fotógrafo, era fotógrafa!!
…
Una vez que cortamos me puse a reflexionar sobre el calamar y su rostro conspicuo e insondable. El calamar se parece al poeta en dos cosas fundamentales: en que puede tomar a voluntad el color que más le convenga y en que se defiende con la tinta. Cuando se siente acechado es cuando echa mano a esa boligráfica fisonomía que posee su intestino e inmediatamente se disuelve en el agua un gran chorro de tinta. ¿Qué nos dice en aquel mensaje el calamar? No se ve nada. No se entiende nada. Para evadir la persecución, el calamar ha lanzado un largo y oscuro poema y se ha escabullido. Veinte, treinta, cuarenta versos por un instante en el líquido elemento, y no hay opinión en el fondo de los mares, o esta opinión debe de conmoverse poco.
¡Salud Malayo!
Los detergentes líquidos
Los detergentes líquidos imitan
el color y el aroma del zumo de limón
Más de una vez estuve
tentado a beberlos siendo niño
Entre azulejos cubiertos de óxido
los miraba deslizarse de un recipiente a otro
La televisión resplandecía
desde el living a oscuras
delineando mi propio reflejo
en esos frascos de plástico
Un jugo verde intenso
como la fiebre
pero un niño no podría saberlo.
"¿Cómo hay que vivir?" Esta pregunta no se responde igual en la literatura que en la arquitectura. La arquitectura la plantea de manera más concreta, más a largo plazo. De hecho, la gente tiene que vivir en espacios construidos. En la literatura sólo se plantean preguntas o se responden de una u otra manera, mientras que en la arquitectura siempre es la pregunta y la respuesta a la vez, y si hay respuesta es "para toda la vida". Por suerte, no es el caso de la literatura, porque puedes dejar de leer un libro cuando quieras. En cambio, la gente no se va de una casa ya construida. Y cuando una ciudad se ha transformado, sus centenares de miles de habitantes tampoco se pueden ir. Por lo tanto, no vivimos igual con la arquitectura que con la literatura, y sin embargo, ambas disciplinas plantean la misma pregunta: "¿Cómo hay que vivir?".
Con todo, Cristián Warnken dio con un lugar irreal y con curioso personaje que responde esta pregunta desde la delgada línea roja que separa la metafísica de la vida urbana, una verdadera Poética del Habitar. Aquí va su nota de opinión, aparecida ayer en El Mercurio:
Un hombre planta árboles en un barrio asesinado. Mientras otros levantan edificios que, probablemente terminarán por cercarlo, él planta árboles. Árboles chilenos de hoja perenne: mañíos, laureles, peumos fragantes, quillayes crecen lentamente en el patio de un hombre cuya ocupación central es levantar un bosque en el corazón de Vitacura, una comuna de jardines pulcros y ordenados.
Hace más de 30 años que un hombre planta árboles en su jardín. Una araucaria emerge sobre el nivel de los techos de la calle La Perousse e indica el lugar donde vive el hombre que se levanta a las cinco de la mañana todos los días, que no tiene radio, ni televisión, ni teléfono y que, con pasión desesperada y gozosa, suma árboles fragantes a una ciudad que casi ha olvidado respirar.
¿Está loco?... "Viejo loco", rayó un anónimo en la acera de la entrada de la única casa de toda la cuadra sin rejas ni porteros automáticos. No tiene jardinero, porque él es su propio guardabosques. No tiene guardia privado, porque él se deja cuidar por lo que los católicos que lo rodean dicen creer, aunque demuestren lo contrario: el Espíritu Santo. ¡Él cree en el Espíritu Santo y planta árboles! ¡Está loco, por Dios! Y no tiene auto, y es el único que camina en un barrio donde sólo las "nanas" caminan. Lo podrán encontrar en la primera misa de la mañana, solo, rezando en un rincón, como el Idiota de Dostoyevski; solo en la ciudad carcomida por la sospecha y la desconfianza.
El Gigante Egoísta tenía un jardín que no quería fuera visitado por nadie; se atrincheró en su Edén privado. El hombre que planta árboles está siempre en su casa de La Perousse; es el único vecino que uno encuentra en su casa a cualquier hora, el único que te abre sus puertas sin preguntarte tu nombre, para que entres a su bosque. Es el gnomo del último bosque, el último hombre. Te sientas ahí, al caer la tarde, y no puedes creer lo que ves, oyes y respiras. Un choroy agradecido canta, cerca de ti, sin miedo... Una planta que no conocías te dice su nombre. Y el Hombre que Planta Árboles te cuenta su historia, que nadie quiere oír. ¡Está loco, por Dios! Un abogado exitoso, José Luis Vergara Bezanilla, fiscal de una prestigiosa institución, que lo dejó todo el año 1972, para traer árboles de los bosques vírgenes del sur y plantarlos al fondo de su casa. Un hombre que se despierta antes que los demás hombres para plantar y cuidar árboles, y que se acuesta antes, para seguir soñando en un bosque que recibirá un día a los niños que hayan olvidado los nombres de los árboles y sus propios nombres.
- ¿No le teme a bandas de delincuentes que rondan Vitacura?
- No -dice-. Le temo a estos delincuentes que nos roban el cielo, la vista, el agua"-dice mientras señala las amenazantes grúas que comienzan a apoderarse del barrio.
-"¿El agua?" -le pregunto-.
- "Sí, cada edificio que se levanta le cierra el paso a las aguas de las capas subterráneas que bajan desde las montañas a la ciudad. La ciudad se secará".
El hombre que planta árboles estuvo a punto de irse del barrio, expulsado por el alza de las contribuciones. Ha logrado mantenerse aquí, vendiendo sus cuadros. Mientras otros pintan manchas, abstracciones, esquizofrenias, él pinta árboles y hombres, en delicada y misteriosa unidad.
Quizás eso sea lo único cierto, al final: que un hombre y un árbol están "solos sobre el corazón de la tierra, atravesados por un rayo de sol... y de pronto es de noche".

A continuación presento parte del texto que acompañaba a esta fotografía:
"Queridos Muebles:
La verdad, hace bastante tiempo quería tomarme esta foto para compartir con ustedes parte de mis secretos. Me tomé varias y pese a que no me considero muy atractiva para hacer estas locuras, creo que puede ser muy motivante para que sigan tocando y grabando... Los he visto creo que un par de veces y me parecen muy divertidos pese a su intento de parecer serios y sufridos ..... ¿por qué el amor para ustedes es tan doloroso? ¿qué chicas malas los hacen sufrir tanto si son tan adorables?
Bueno, espero que publiquen la carta y esta foto que, por lo demás, hace juego con su guitarra azul!!
Cariños,
Una mueblera incondicional."
Querida amiga, cuatro cosas:
1. Muchas gracias por tu mail.
2. Respecto a que no te consideras muy atractiva, la verdad es que no pensamos igual.
3. ¿Por qué el amor es tan doloroso? El amor es un castigo. Somos castigados por no saber quedarnos solos.
4. Así como lo hacemos contigo, mantenemos el anonimato de todas, incluso de aquellas que nos hacen sufrir.
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